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martes, 28 de abril de 2015

Ventana Sobre Laura

Como loco corrí a contarlo:

- ¡¡Ella me sacudió!! - dije. ¡¡Si si, me sacudió!! !!Literal!! Me golpeó tan fuerte que algo se debió arreglar ahí dentro. ¡Y ahora veo todo color!

Y algunos me miraban sonriendo, mientras otros: los grises, no podían comprenderlo. 

lunes, 29 de abril de 2013

Agua de río y mar salada.

Usted y yo podríamos ser aguas claras bajo la luz clara.

Vida clara sobre arena clara.

Peces honestos, luminosos y claros.

Aves nobles y claras.

Destellos ondulantes hermosos y claros. 

Humildes claros,
y nubes de agua clara. 

Seguir siendo agua de río...
y mar salada. 

domingo, 17 de febrero de 2013

El equilibrista.


Aun sobre la tabla, el equilibrista observa el limpio vacío que subyace bajo sus pies. Sus fuertes tobillos arden como hierro fundido, conocedores de que del equilibrio entre la maleabilidad y la rigidez de su estructura depende la proyección de su imagen sobre el frío y escueto hilo de acero. 



Con los hombros relajados, el pecho elevado y la mirada al frente, el hombre siente la llamada del fantasma del desvanecimiento, de la precipitación por el abismo. Es conocedor de la fragilidad de su existencia pero no teme. Una intensa calma envuelve su pensamiento. Sabe que después de caer, simplemente tendría que volverse a levantar. Como otras tantas veces, el hombre se construye y reafirma en el hombre. Y sigue caminando.




viernes, 15 de febrero de 2013

miércoles, 23 de enero de 2013

Ahora, puedo verte.


Ahora que derrumbo mis complejos, 
que limpio mi mirada de prejuicios y estereotipos, 
que rompo con mis expectativas 
y que mis miedos me muestran mis fortalezas,
puedo verte. 


lunes, 21 de enero de 2013

Plenitud.

Gabriel marcha a su trabajo bien temprano Suele salir de casa cuando Silvia aun duerme. A veces, le gusta sentarse a desayunar a los pies de la cama a observar como ella dulcemente duerme. Totalmente ajena a que eso pueda suceder, sin ser participe a pesar de ser co-protagonista.

Mientras, Gabriel piensa, recorre mentalmente todo el tiempo compartido, todos los días heroicamente enfrentados desde la humildad de la cotidianidad. Arrancando pequeños momentos como ese, que a veces parecen perderse en el desidioso día a día; y que él ha sabido fraguar y elevar hasta la máxima plenitud de su felicidad.

Aun hoy recuerda aquella época de su vida en la que creyó ser capaz de cambiar el mundo, aquel ímpetu que le llevaba a enfrentarse con pasión, y poca tolerancia, a todo aquel que ponía en entre dicho sus utópicos pensamientos. Cuántas discusiones, cuántas conversaciones perdidas en la nada del no hacer nada de nada entre cervezas, copas y grandes amigos. 

Hoy mi visión del mundo es bien distinta - se dice. Si bien antes quise erradicar la pobreza, la guerra o el hambre del mundo... contra los que aun lucho. Mi objetivo hoy es bien distinto y más honesto. Pues, ¿cuánto mayor puede ser la plenitud y el sentido en la vida de un hombre, que entregarla al amor y la felicidad de su mujer y sus hijos? Sin duda este es el sentido de mi vida.

viernes, 11 de enero de 2013

Ausencia.

Siento un gran vacío en  mi pecho. Un tremendo agujero que llenar de hombros, pechos y bocas que me den su aliento. Que me traigan paz y sosiego ante este hastío. Este dolor en el aire que me quema y consume mi pozo de sabiduría, mi entrega y el desnudo de mis manos a galope. Caballo loco de furia. Como el estruendo de la tormenta no satisfecha. Con la fuerza de un quebrar de voces oscuras y sedientas de rabia. Hambrientas sin pudor. Desidiosas como lombrices embadurnadas y ciegas. 

martes, 8 de enero de 2013

Entrega.


Solemne y humilde,
el olivo arremete contra el viento
y la solana.

En tierra roja
enraíza su esperanza a la gota y el color
del fruto de su rama.

Hoja y flor se abrazan a la calma,
contrariando al sol y al tiempo
que arrugan la piel de su corteza
inmaculada.

Y, aferrado al candor de su sed,
no será otra que la mano de su bien
quien arranque una lágrima de su recóndita
añoranza.

domingo, 30 de diciembre de 2012

La Mujer y el Poeta / 7


Andaba el Poeta en busca de musas. Los caminos recorría, a las flores hablaba. Mientras, las gentes que en sus quehaceres permanecían ajenas al momento inspirativo; compraban, vendían y ejercitaban su  susurrante palabrería sin vergüenza ni premura. Correteaban de grupo en grupo, como las abejas en la colmena, en una suerte de organización casuística o un caos distróficamente argumentado.

En esto el Poeta se hace eco de un alma no sujeta a aquellas ignominiosas leyes. Atentamente observa el movimiento de sus manos, la cadencia de su pisada, la presión de su mandíbula y la profundidad de su mirada. Algo le llama la atención de aquel muchacho y se decide a dar respuesta a tal inquietud. 

Muchacho - Dice el Poeta. En tu caminar siento un quejido. Deja que rezume tu alma.

A lo que el muchacho responde - Tú Poeta, En ti que se haya la sensibilidad. Que es por ti conocida la belleza y la dureza del amor. Sabrás entender lo que en mi corazón acontece. 

Recientemente amantes fuimos mi fémina dama y el que aquí habla. No habiendo miedo en nuestras miradas cada día fue una magnética entrega de pasión y promesas. Y no promesas infundadas locamente escudriñadas, sino promesas que prometen. Promesas que crees firmemente por muy disparatadas que parezcan en la antesala de lo fehaciente. Ciegamente creí en ella. Ciegamente creí y creo en su palabra. Porque más allá de lo evidentemente primario y pasajero, había un poso irrefutable de verdad en lo que de allí emanaba.

Ahora parece marchar, su desierto busca. Hallazgo necesita allí donde se haya. En la soledad, en el retiro de quien necesita su propio afecto. En el lugar donde el muchedumbroso asceta contacta y sana su propio pecho y su alma.

Mientras, un servidor esperando queda. Agitado y calmo a la vez. Como el campesino que en la tierra recién labrada apasionadamente aguarda. 

Largo y difícil camino compañero queda. La más dolorosa de las travesías eliges y te espera. - Dice el Poeta.

- No soy yo quien decide ahora. Mi corazón manda, no atiende a razones. Y tampoco es que las quiera. Acato sin más, porque es mi alma la que desea y espera. Porque no hay más que razones para amarla.


viernes, 28 de diciembre de 2012

Distancias.


La distancia no se mide en metros,
se mide en besos, en abrazos
y en todo eso que sale de algún lugar
y llega a ninguna parte.

martes, 25 de diciembre de 2012

Declaración.

Si, definitivamente. Son las palabras las que me encadenan a tu mirada. Ellas hacen el amor mientras nosotros sólo tenemos que dejarlas salir, y ser.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Sucesos.


Las yemas de sus dedos se rozaban mientras el tren todavía había de ponerse en marcha. Perdidos en su mágica conexión, sus ojos permanecían abiertos, ni parpadeaban. Allí, entre las puertas del tren, ella parecía aun más bella. Él, no habiendo sido nunca un adonis, exhibía  una sonrisa estrambótica e implacable. Enamorados hasta los últimos confines de sus huesos, ni siquiera eran capaces de hablar. Simplemente se observaban.

El resto de pasajeros los admiraban emocionados. ¡Qué escena tan hermosa! - se decían algunos. Otros sin embargo se preguntaban por qué habían dejado de mirarse así. E incluso hubo quien pensó qué era tan siquiera mirarse. 

Los segundos pasaban y el maquinista alargaba su brazo hasta la bocina disponiendo así el último aviso. Mientras, los enamorados, no sintiéndose interpelados mantenían su extrema quietud. Llegada la hora de partir, nada sucedía ante sus ojos, ningún estímulo les inquietaba.

Pronto un grupo menos romántico y más interesado en la marcha empezaba a ponerse nervioso. No fueron pocos los comentarios necios y los improperios arrojadizos. Los amantes parecían hacer oídos sordos y su gesto, que tanta admiración despertó previamente, comenzó a asemejarse más a una estúpida burla.

Los pasajeros del primer vagón comenzaron a elevar sus quejas hacia el maquinista, y éste, atónito, a aumentar la sonoridad de la bocina. Mientras, la pareja, permanecía inmóvil. Como adormecida o hipnotizada. Con ese aroma entre bucólico y trágico que parecía hacer que no importara nada.    

Cada vez eran más los espectadores que tensaban sus mandíbulas antes sonrientes y relajadas. Cada vez se percibía con más intensidad esa calma tensa que precede al estallido beligerante y canalla. La rabia y la incomprensión, dispuestas, acudieron presurosas a la llamada. 

Muchos empezaron a murmurar y otros, virulentos y aguerridos, no tardaron en mostrar sus dientes al amor que antes les había entusiasmado. Tal vez la envidia que mostraba su verdadera cara o simplemente porque había ganas. El caso es que gritaban, y gritaban con mucha rabia - ¿pero qué se han creído?, ¡¡Esto es un lugar público!!¿Es que creen que tienen más derecho que nadie?!!Maldito sea el amor que os mantiene ciegos, sordos y mudos; petrificados e ineptos!!¡¡Como si fuera lo único que importara!!

Los segundos parecían minutos, y los minutos horas a ojos del maquinista que, no viendo reacción ninguna por parte de los increpados, decide llamar a los encargados de seguridad para que pongan remedio a tan estúpida situación. La orden era clara - ¡¡Sáquenlos del tren!! ¡¡Aunque tenga que ser a patadas!!. 

Hermosas patadas - pensó alguno que se ahorró el comentario por no arrojar más leña al fuego, pues ya estaban el ánimo y las manos bastante caldeadas. 

No fueron menos de cuatro hombres los que perfectamente uniformados fueron a socorrer no se sabe muy bien quien. Y, como de un puñado, agarraron esos dos cuerpos que rígidos e inertes, parecían no salir de su estado idiotizado.

Poco después, los periódicos anunciaban: Dos figuras del museo de cera robadas, conocidas como "La bella y el loco enamorado", mantienen en jaque al servicio de cercanías y a la policía malograda. 

sábado, 8 de diciembre de 2012

La Mujer y el Poeta / 6

Aun con sangre caliente, la Mujer sostiene postrada en el suelo a su pequeño descendiente. Sus manos languidecidas por la emergente ausencia de vida entre sus brazos, muestran la angustiosa resignación de una madre cuyo instinto grita desesperadamente al sordo muro de la astuta muerte. Todo ser caminante se estremece de frío ante la escena, ante el plañido chirriante de quien no encuentra consuelo. Dulcemente enmudecido, el niño cae. Cuelga sobre los brazos de su madre.  

La Mujer, sostenida por el aliento de la desesperanza, suplica al Poeta.

- Ayúdame, ayúdame a devolverle la vida antes de que mi alma se quiebre y se vuelva loca.

El Poeta, lejos de persuadirla, con los ojos empapados, dice:

- Mujer, ve con tu hijo. Reclama en cada puerta un amuleto, un remedio, un brebaje, un sólo elemento que haya servido antes a otros para esquivar la muerte. Y que en definitiva, te ofrezca la certeza de que la muerte es eludible. Búscalo quinientos días y quinientas noches. Recorre campos y ciudades. Ve a buscar en otras tierras y en otros mares. El tiempo que consideres necesario. Pasado ese tiempo, sabrás qué hacer.

En ese momento, la Mujer se levantó del suelo secándose las lágrimas diciendo: - gracias. No será necesario. Ya lo he comprendido. 

Y con el niño en brazos, se dirigió a despedirse de su hijo al cementerio. 

martes, 4 de diciembre de 2012

El otro idioma.

Con la luminosidad del nuevo día, Silvia y Gabriel se abrazan desnudos y envuelven a Rodrigo bajo las sábanas.  Le ofrecen durante horas su calor en silencio. Se acarician, se sonríen y se aman. Se miran fijamente a los ojos. Se contemplan cómplices y hermosos. Se hablan emocionados y se admiran por su grandeza. Por la humilde grandeza de los que sienten que juntos siempre ganan. 

Aun abrigado por el vientre, Rodrigo escucha atentamente el suave latir del corazón de su madre. Gabriel con curiosidad pregunta, ya que hablan una lengua que el hombre no llega a vivenciar.

- ¿De qué habláis?

-  Gabriel, a él también le gusta tu voz.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Nanas.

Gabriel suele acunar a Rodrigo en el vientre de Silvia. Le acaricia suavemente las manos, los pies y la cara. Le canta canciones sin melodía ni letra. Le lee cuentos de silencio y grama, que mecida por el viento parece un mar de olas verdes amarilleadas. Le habla de hombres y animales que pasean y charlan juntos por la raña. De aves que enseñaron a los peces a volar. Y de gaviotas, que desnudas, danzan y bailan a la luz de la luna entusiasmada.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La Mujer y el Poeta / 5

Corría el poeta desesperado, una punzada sentía en su pecho. Los ojos vacíos y locos. La fuente quebrada. Retorno de agua turbia que se mastica y no sacia.  

La pasión no existe. La pasión no existe ... - repetía una voz oscura, profunda y rasgada.

La Mujer, viéndole desaforado, coge sus manos y relajando la agitación de sus brazos, pregunta - ¿Qué ocurre Poeta?

- Dicen por ahí, Mujer, que la pasión dura un suspiro. Que no es más que la ilusión del corazón oprimido que al explotar, se consume vivamente por el deseo a tientas. Sin ver, sin mirar más allá del segundo en que se halla. Desprovisto de perspectiva desaparece igual que apareció. Como una explosión de ausencia enmudecida. Y quien padece el mal de sufrirla, ya no tiene más posibilidad de vivir que olvidándola.

- Quien habla así no conoce el amor - Poeta. El amor perdura en la intemporalidad de nuestras vidas cuando deja de ser un sentimiento, para ser una actitud. El que ama sinceramente, el que se entrega realmente a todo lo que vive, amor sincero halla. Y cuando el amor es el manantial,  la pasión brota sin más. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Mujer y el Poeta / 4

Dormía profundamente el Poeta en su quietud. Soñaba con páramos altivos, con verdes arboledas cubiertas de nieve y algunos charcos del frío ya derretido. Caminaba él lúcido y confiado. Huraño y sonriente ante la luz de un sol majestuosamente cálido y complaciente.  

- El cuerpo descansa en sueños así - se decía entre pasajes y ensoñaciones - La belleza del sueño... la realidad que inventamos, que generamos re-calculando entre deseos e inquietudes... ¿Qué vendrán a contarme los sueños hoy?

Continuaba el Poeta hacia la cumbre, y observando atónito y embriagado ante la inmensidad del vacío, tomó consciencia de la levedad de su existencia y dijo:

- No quiero más tesoro que el amar. No quiero más ganancias que la entrega a este inmenso espacio, a esta fuerza inquebrantable que siento en la tierra, los árboles, la roca, el agua y el aire que respiramos. Esta fuerza que habita en mi y que ahora no puedo ignorar. El abrazo entre la tierra, el hombre y el hombre. Entre el hombre, el hombre y la tierra.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Amantes II

Caídos de un sueño, los amantes se encuentran en un no-lugar. Un espacio indeterminado y no estacionario en el que todo es transito. Nada queda, nada prevalece. Todo arde y se volatiliza.

Queroseno embriagador que se ofrece a la entrega absoluta. A la huida hacia delante con la única promesa de prometerse nada. Al amor absoluto de quien no puede perder, con sólo el deseo de empatar a mordiscos en la cama. 

jueves, 25 de octubre de 2012

La Mujer y el Poeta / 3

La Mujer, hastiada por todo el horror que siente una mujer intuitiva y libre, con los desazones de quien observa con ojos fervientes de dignidad. Camina sin orden establecido, como un átomo circula y abre nuevos horizontes ante el libre albedrío. 

El Poeta, aparece como por arte de magia, y rozando su mano dice:

- Mujer, hoy los tejados parecen más altos. El sol apenas ha salido a media asta y las gentes ignoran el poder que tienen sus palabras y sus actos. Pero tú que eres ave y brillas por ti misma. Ilumina el camino. Otros te seguirán cómo una canción sencilla, hermosa y agitada. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

La Mujer y el Poeta / 2

En otra ocasión, iba el Poeta por la ribera contemplando el acompasado giro de las norias, removiendo notas inconclusas entre un pequeño bosque de tarays. Cuando, repentinamente, paró a observar como un pequeño patito se quedaba en la orilla mientras sus plumosos hermanos seguían a su madre entre las cañas. El patito, indeciso, observa cómo sus iguales marchan y son botados en la dulce y fría corriente. 

En esto, la Mujer se le acerca al oído y dice:

- Poeta, hay quienes persiguen su instinto y quienes lo cuestionan. El fin es el mismo, pues es ley de vida que simplemente se cumpla. 
El que lo persigue sin más, siente que hay una fuerza mayor que él que lo lleva a hacerlo. El que lo cuestiona, duda de esa fuerza y necesita convencerse de que tenga sentido. Hasta que finalmente, se da cuenta de que esa fuerza en realidad es él mismo.