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domingo, 29 de marzo de 2015

Co-Responsabilidad.

Yo, y tanto tú como yo, asumimos el reto de encontrarnos. De decirnos sin decirnos, de pedirnos sin  pedirnos. Y pedirnos otra vez. Confundimos el amarnos y nos amamos: tú en mi, yo a través de tus ojos. E ignorantes dijimos: no soy suficiente, muéstrame qué ser. E inocentes anhelantes dijimos "si", y nos estiramos nos retorcimos y nos pintamos para ser amados. 

Ahora, tú como yo, y yo tanto como tú, estamos cansados y asumimos el verdadero reto. Dejar de pedirnos sin pedir, y abrir el espacio a ser reclamados, deseados. Amándonos desde la responsabilidad de nuestros actos y nuestras pasividades. De sentirnos dignos y libres y poder decir "sí": y estirarnos y retorcernos y pintarnos, ahora de forma consciente y responsable, a la vida y a lo que nos traiga.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Celos.

Para mí, en realidad los celos hablan de la necesidad de tocar y sentir a la persona que amo. Eso es lo importante. Tomar consciencia de eso y disfrutar de mis ganas de ella. En vez de vivir en el miedo y la carencia de ella.

viernes, 23 de mayo de 2014

martes, 22 de abril de 2014

Personajes Internos.


Una de las primeras observaciones que uno comienza a realizar sobre sí mismo cuando inicia o elige un camino de auto conocimiento, es cómo se desenvuelve. Cómo se relaciona con cada una de las situaciones que se le plantean en su día a día.

            En ese proceso de auto observación, te das cuenta de que no siempre reaccionas igual, que en función del contexto: laboral, familiar o rodeado de amigos; la forma en que te relacionas varía. Y asociada a esa diferente manera de relacionarse, se encuentra una emoción evocada. Así, se rememoran y se ponen en juego continuamente antiguos patrones movidos por una energía diferente.

            En casa me puedo mostrar severo y tajante, puedo ser duro ante mis hijos y mi pareja; mientras en mi trabajo me puedo mostrar sumiso y atento. Con mis amigos puedo ser alguien divertido y ocurrente y en casa de mis padres callado e introvertido. 

            En relación a esto Maurice Nicoll nos dice:
           
            El Hombre, la Mujer, no son uno. Son muchos. No tienen un Yo Real Permanente, sino muchos “Yoes” diferentes, contradictorios y mudables. Pero imaginan ser Uno.

De esta manera, nos encontramos con un montón de “Yoes”, o personajes internos, como los llama Gurdjieff; que luchan por ocupar la posición saliente, que quieren tomar el control de la situación y dialogan entre si. Generando en el individuo que los aloja una sensación de “separatividad” angustiante, que dificulta su relación con el mundo y consigo mismo.

Así, Khalil Gibrán nos lo representa en los “Los Siete Egos” de manera muy visual:

            En la hora más silente de la noche, mientras estaba yo acostado y dormitando, mis siete egos sentáronse en rueda a conversar en susurros, en estos términos:

            Primer Ego: - He vivido aquí, en este loco, todos estos años, y no he hecho otra cosa que renovar sus penas de día y reavivar su tristeza de noche. No puedo soportar más mi destino, y me rebelo.

            Segundo Ego: - Hermano, es mejor tu destino que el mío, pues me ha tocado ser el ego alegre de este loco. Río cuando está alegre y canto sus horas de dicha, y con sus pies alados danzo sus más alegres pensamientos. Soy yo quien se rebela contra tan fatigante exigencia.

            [...]

            Quinto Ego: - No; yo soy, el ego pensante, el ego de la imaginación, el que sufre hambre y sed, el condenado a vagar sin descanso en busca de lo desconocido y de lo increado... soy yo, y no vosotros, quien tiene más derecho a rebelarse.

             [...]

            Séptimo ego: - ¡Qué extraño que todos vosotros os rebeléis contra este hombre por tener a cada uno de vosotros una misión prescrita de antemano! ¡Ah! ¡Cómo quisiera ser uno de vosotros, un ego con un propósito y un destino marcado! Pero no; no tengo un propósito fijo: soy el ego que no hace nada; el que se sienta en el mundo y vacío espacio que no es vacío y en el tiempo que no es tiempo, mientras vosotros os afanáis recreándoos en la vida. Decidme, vecinos, ¿quién debe revelarse: vosotros o yo?

            Al terminar de hablar el Séptimo Ego, los otros seis lo mimaron con lástima, pero no dijeron nada más; y al hacerse la noche más profunda, una tras otro se fueron a dormir, llenos de una nueva y feliz resignación.

            Sólo el Séptimo Ego permaneció despierto, mirando y atisbando a la Nada, que está detrás de todas las cosas. 

            Este sentimiento de separatividad, se afianza en nosotros ya que cada personaje se energetiza en dirección opuesta a la de otro, dentro de una misma polariadad. De esta manera encontramos dentro de nosotros a personajes como:

  • El “juez”, que dictamina qué está bien y qué está mal, y que está por encima de todo. Que puede entrar en conflicto con el “comprensivo” o el “bueno”; al que todo le parece bien y siempre está dispuesto a acoger.
  • El “disponible”, que siempre está para los demás y se deja así mismo para el final. Y el “independiente”, que puede con todo y no necesita a nadie.

Así hasta un sin fin de personajes que podemos ir identificando en nosotros, sintiéndolos y jugándolos conscientemente; para posteriormente poder trabajar la desidentificación de los mismos.

            Antonio Pacheco nos dice en cuanto a esto:

            Gurdjieff nos transmite la ley del tres, que viene a decir que todas las cosas del universo se rigen por tres principios: activo, pasivo y neutralizante. 
           
            [...]

            Este principio nos sugiere la reconciliación de los opuestos, que puede aplicarse en el trabajo con nuestros personajes, teniendo la posibilidad de conocerlos para poder, así, aceptarlos y detener la lucha entre aquellos que son contradictorios o antagónicos.

            Pudiendo conciliar todas las partes, sintiéndonos integrados, como una unidad amorosa y compasiva.

 

Bibiliografía.

Nicoll, Maurice. Comentarios Psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky (4º tomo). Editorial Kier 2004.
Khalil Gibrán Khalil. El Loco. Obras Completas. (Tomo I). Editorial Visión Libros.
Antonio Pacheco. Ego, Esencia y Transformación.  Editorial Hermes Terapia Integral.

viernes, 12 de abril de 2013

Renacimiento: Mi Cuerpo y el Mundo.

Uno tiene la suerte de nacer con todos sus deditos, sus ojos, sus rodillas ... Y con todo eso, y su corazón, comienza a caminar. Todo en el mundo es novedoso, experienciable. Tu papá, tu mamá, tu entorno más cercano parece alegrarse de tu llegada, y uno poco más tiene que hacer que ser lo que es: un bebé que duerme, come, llora y realiza con cierta regularidad sus deposiciones. Todo en uno es presencia, nada sabe de ese fastidioso juego de pasado, a veces presente y muchas veces futuro por el que los demás parecen dolerse o preocuparse. 

El tiempo pasa, aunque no se sepa qué es, y uno comienza a separarse de sí. Empiezan a aparecer los mañana iremos al campo, a la piscina o a ver a los abuelos; y los ayer me caí y me hice un chichón, me castigaron por no hacer los deberes o fui a jugar al fútbol con mis amigos.

Del devenir de la circunstancias de cada uno se van acumulando experiencias, unas mejores y otras no tanto. Y uno empieza a separarse del tiempo en que vive. Bien porque no soporta el sufrimiento que le genera su presente, bien por qué no sabe cómo relacionarse con el mundo, o incluso consigo mismo. Empieza a dedicar tiempo y espacio a toda esa jerga mental que murmulla cada vez con más fuerza, hasta que lo interioriza de tal manera que comienza a confundirlo con la realidad de su espacio presente, de su ser dónde está. Dialoga, se alía o lucha contra él, como si de un ente ajeno a sí mismo se tratase. Y se aleja de su mundo interior y sus sensaciones corporales porque no le gustan, le incomodan.

La fractura va en aumento con el tiempo, y lo que antes uno no veía, es visto. Se toma consciencia de que algo no va bien. De que la vida se nos hace difícil, y que en muchas ocasiones repetimos mecanismos y patrones a la hora de relacionarnos que no nos satisfacen, más bien nos dañan. Hasta que la situación se hace insostenible, y uno decide buscar ayuda.

En esa ayuda, profesional o no, te encuentras ante otra presencia. Una presencia espejo en la que te ves, y empiezas a comprender. Un cuerpo que como tú se comunica, y comienzan a resonar cosas dentro de ti que tal vez creías abandonadas; o que ni siquiera tenías consciencia de que existieran.

Poco a poco comienzas a recuperar la consciencia de ti mismo. Tu comunicación gestual, tu cuerpo, comienza a darte información. Comienzas a recuperar sensaciones. Respiras en presente. Y en ese énfasis en respirar el presente, aparecen asuntos no resueltos, patrones caducos. Y sobre todo la posibilidad de renacer y volver a relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos, desde el apoyo y la sabiduría que nuestro cuerpo nos otorga. Pudiendo así, vivir desde una perspectiva más auténtica, más honesta.



miércoles, 23 de enero de 2013

Ahora, puedo verte.


Ahora que derrumbo mis complejos, 
que limpio mi mirada de prejuicios y estereotipos, 
que rompo con mis expectativas 
y que mis miedos me muestran mis fortalezas,
puedo verte. 


martes, 15 de enero de 2013

Coherencia.

Todo mi agradecimiento y mis respetos a quien, en un ejercicio de coherencia, decidió apearse de mi vida porque no quiso, no pudo o no supo cómo vivirla conmigo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El todo y sus partes.

En mi persona habitan dos almas. Una es fuerte, cree saber, aunque no mucho; incluso se atreve a andar dando lecciones de vida por ahí, como si alguien la escuchara. Intenta ser responsable y consecuente con lo que hace y dice, y se aferra a sus valores. Se hace mayor y comprende que añejarse un tanto forma parte de la vida e intenta aprender a ser adulto. 

La otra es ignorante, insegura y feliz. Vive en el mundo de la fantasía en la que todo sale bien. Se ilusiona y vive intensamente cada cosa que hace, con la visión que tiene un niño con todo un mundo por descubrir. No es consciente de las consecuencias de sus actos y tiene miedo a ser rechazado y abandonado por no  saber hacerlo mejor. 

Ambos aspectos dialogan y se sanan mutuamente. Negocian sobre en qué crecer y dónde plantarse y jugar. E intentan no apearse del mundo sin haber conocido lo que es la vida. 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Más allá del ombligo.

Hemos nacido en una sociedad postulada en el individualismo. Centrada en el "bienestar" del individuo, prefijada no en quién soy y si estoy satisfecho conmigo mismo. Sino en quién es él o ella, y si soy flanco de su atención; además de en qué punto de la escala comparativa material me encuentro.

Está situación generalizada, deriva en dos aspectos contra-opuestos y contradictorios; ya que cuanto más me centro en alimentar mi egocentrismo menos unido al otro me siento, pues yo quiero ser el centro y eso me hace inevitablemente competidor tuyo. Mientras en realidad dependo de ti para alimentarme de tu atención, con lo que mi distancia de ti no pueder ser excesiva, pues implicaría tu rechazo.

Llegados a este punto, entramos en una dinámica enfermiza en la que ser capaz de establecer el límite entre lo que yo siento y quiero, y lo que tú esperas de mi entran en conflicto. Puesto que ser fiel a lo que yo quiero puede suponer que tú no aceptes lo que soy. Y no serlo se traduce en la mutilación de cualquier posibilidad de encontrarme.

Para poder aportar luz y solucionar tal dilema, debemos tomar consciencia de la importancia de encontrar el afecto en nosotros mismos para llegar a dilucidar qué queremos. Esto no quiere decir que tengamos que vivir al margen de los demás o que su presencia nos sea indiferente, ni mucho menos. Quiere decir que sólo nosotros podemos validar lo que sentimos o hacemos. Encontrar el apoyo en nosotros mismos. 

Satisfacer nuestras necesidades no tienen por qué suponer un mal para quien nos rodea. Llegados a un punto, nadie desea hacer mal. Eso que en muchos casos se entiende como mal tiene que ver más con cómo los demás lo reciben que con nuestra persona. Si desilusionamos o rompemos espectativas no generamos un daño. Símplemente no estamos siendo lo que los demás querrían que fuésemos. 

Esto supone una enseñanza bidireccional. Ya que igualmente somos objeto pasivo ante las decisiones de los demás. Y no podemos exigir a los demás lo que no estamos dispuestos a asumir. 

Este principio de honestidad, tanto con nosotros mismos como con los demás, genera vínculos de confianza y aceptación, afianzando así también un sentimiento de unión más real con los demás. Lo cual, también reducirá nuestra identificación con los aspectos materiales. Permitiéndonos ver más allá de nuestro ombligo.

martes, 23 de octubre de 2012

Yo, el crítico extremo.

Existe en cada uno de nosotros una figura inquisitoria, un crítico extremo que nos impide ser quienes somos. Un dedo amenazador que nos señala y nos juzga, evitando e interrumpiendo en muchos momentos nuestra verdadera expresión, no permitiendo satisfacer nuestras necesidades y dificultando así nuestra relación con el otro.

Ese crítico, aun teniendo la voz y la forma de los otros, realmente no es más que nuestro miedo al rechazo proyectado sobre los que nos rodean. Como una sombra que cernimos sobre los demás, jugando a interpretar qué se espera de nosotros. Relegando así a un segundo plano la posibilidad de establecer nuevas formas de comunicación basadas en la creatividad y la autenticidad de nuestros actos. Ya que, ¿cómo puedo mostrar lo que soy si siento el peligro de ser malinterpretado o puedo provocar un enfado?. Por lo que finalmente nos aferramos y restringimos a aquello que hemos aprendido y qué fue validado en nuestro proceso de socialización.

Cuando uno se da cuenta de esta situación, se plantea: ¿cómo puedo dejar de ser esclavo de mi propia imagen y mi proyección sobre los demás?

Pues bien, existe un antídoto al alcance de todos. Se trata simplemente, que no quiere decir que sea fácil, de tomar consciencia y desarrollar nuestra metacognición. Ser capaz de escucharnos más allá de los simples automatismos y aportar luz a esa parte inconsciente de nosotros mismos que parece funcionar al margen.

Para eso debemos ser capaces de desarrollar nuestra concentración y permanecer en el momento presente. De esta manera y mediante la escucha activa, seremos conscientes de los mensajes coercitivos que nosotros mismos generamos. La meditación es un gran recurso para trabajar y desarrollar dicha capacidad.

El siguiente paso, sería plantearnos qué es lo que nosotros realmente queremos, más allá de las proyecciones, y ponerlo en juego dejando que sea el/ otro/s los que reciban nuestra demanda o acción. Dejando así a un lado nuestras interpretaciones y permitiendo que nuestra relación sea más autentica. Desarrollando así nuestro autoapoyo, descubriéndonos y aportándonos amor a nosotros mismos, a la vez que generaremos un mayor espacio de expresión para los demás al no sentirse juzgados por nosotros. 

martes, 21 de agosto de 2012

Instantes.

La belleza del encuentro no se basa en el espacio o el tiempo en que se produce, sino en la autenticidad del mismo.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Reflexión.


A veces resulta complicado poder llegar a comprender la magnitud que las cosas que suceden tienen sobre tu propia persona. Llegar a observar de manera totalmente objetiva y ajena a las insuflaciones de cualquier procedencia que puedan enturbiar aquello que siento o entiendo de todo esto que se me ha presentado delante, atendiendo a todo su espectro, y sobre todo, abierto a que toda la seguridad que te han otorgado las paredes de la fortaleza mental que uno ha ido construyendo a lo largo de su vida, se venga abajo.

Tal  vez, lo más curioso de todo sea que toda esa ruptura con lo que creí o quise, me genere una sensación de liberación y fuerza mayor. Y que mi mente se abra a la existencia de otras percepciones, de otras realidades de mayor trascendencia.