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lunes, 21 de enero de 2013

Plenitud.

Gabriel marcha a su trabajo bien temprano Suele salir de casa cuando Silvia aun duerme. A veces, le gusta sentarse a desayunar a los pies de la cama a observar como ella dulcemente duerme. Totalmente ajena a que eso pueda suceder, sin ser participe a pesar de ser co-protagonista.

Mientras, Gabriel piensa, recorre mentalmente todo el tiempo compartido, todos los días heroicamente enfrentados desde la humildad de la cotidianidad. Arrancando pequeños momentos como ese, que a veces parecen perderse en el desidioso día a día; y que él ha sabido fraguar y elevar hasta la máxima plenitud de su felicidad.

Aun hoy recuerda aquella época de su vida en la que creyó ser capaz de cambiar el mundo, aquel ímpetu que le llevaba a enfrentarse con pasión, y poca tolerancia, a todo aquel que ponía en entre dicho sus utópicos pensamientos. Cuántas discusiones, cuántas conversaciones perdidas en la nada del no hacer nada de nada entre cervezas, copas y grandes amigos. 

Hoy mi visión del mundo es bien distinta - se dice. Si bien antes quise erradicar la pobreza, la guerra o el hambre del mundo... contra los que aun lucho. Mi objetivo hoy es bien distinto y más honesto. Pues, ¿cuánto mayor puede ser la plenitud y el sentido en la vida de un hombre, que entregarla al amor y la felicidad de su mujer y sus hijos? Sin duda este es el sentido de mi vida.

martes, 4 de diciembre de 2012

El otro idioma.

Con la luminosidad del nuevo día, Silvia y Gabriel se abrazan desnudos y envuelven a Rodrigo bajo las sábanas.  Le ofrecen durante horas su calor en silencio. Se acarician, se sonríen y se aman. Se miran fijamente a los ojos. Se contemplan cómplices y hermosos. Se hablan emocionados y se admiran por su grandeza. Por la humilde grandeza de los que sienten que juntos siempre ganan. 

Aun abrigado por el vientre, Rodrigo escucha atentamente el suave latir del corazón de su madre. Gabriel con curiosidad pregunta, ya que hablan una lengua que el hombre no llega a vivenciar.

- ¿De qué habláis?

-  Gabriel, a él también le gusta tu voz.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Nanas.

Gabriel suele acunar a Rodrigo en el vientre de Silvia. Le acaricia suavemente las manos, los pies y la cara. Le canta canciones sin melodía ni letra. Le lee cuentos de silencio y grama, que mecida por el viento parece un mar de olas verdes amarilleadas. Le habla de hombres y animales que pasean y charlan juntos por la raña. De aves que enseñaron a los peces a volar. Y de gaviotas, que desnudas, danzan y bailan a la luz de la luna entusiasmada.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sutilezas.

En la ciudad de los sesgos vivía la familia Brezos. Su llegada fue muy sonada, ya que allí todo guardaba el equilibrio de la nada. Las diferencias entre sus habitantes eran tantas que no las había. Y uno no tenía más que observar sus miradas para tomar consciencia de la vacuidad de su estancia.

Las calles. los edificios, los parques, las aceras y sus entrañas estaban formadas de materia insustancial, de humo y plumas de aves que no vuelan y árboles que renuncian a los frutos de sus ramas. Sus gentes andan pero no caminan, oyen pero no escuchan, hablan pero ni silban ni cantan.

Un día, el pequeño Gabriel preguntó a su padre.

- Papá, ¿qué les pasa?

- Pobrecitos Gabriel, nacieron adultos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Así, como crecen las flores.


Todas las mañanas, Rodrigo se levanta impaciente a observar su maceta. Su padre, Gabriel, le explica:


- Rodrigo, ahí dentro, entre la humedad de esa tierrecilla está la que será una bella flor. Ahora está durmiendo, pero pronto se desperezará y comenzará una armoniosa danza hacia la libertad del sol y del viento. Mientras, sólo debes procurar que no le falte agua y hablar con ella.

Cuéntale tus sueños, regálale la luz de tu sonrisa y cántale con ilusión cada mañana. Sé paciente y aprende a recibir con admiración sus colores y sus formas. No juzgues su belleza, está en sí misma, en todo lo que significa. Vive consciente de que te entrega todo y dale las gracias, porque algún día se marchitará. 
Entonces, querido hijo, habrás conocido el verdadero significado de amar.




A J.C.J.